Antes de perderte
- Mariony Enid
- 6 ago
- 2 min de lectura

Creo que la parte más cruel nunca fue amarte.
Fue darme cuenta de que el amor siempre comienza con una despedida escondida.
Algunas personas llegan para quedarse toda una vida.
Otras nos cambian para siempre sin llegar a pertenecernos del todo.
Y casi nunca sabemos cuál de las dos historias estamos viviendo hasta que algo empieza a transformarse.
Tal vez por eso siempre he cargado este duelo silencioso.
No porque creyera que ibas a irte,
sino porque nada verdaderamente hermoso promete permanecer igual.
Hay algo profundamente vulnerable en dejar que otra persona encuentre un lugar dentro de ti.
Poco a poco empieza a habitar espacios que antes estaban vacíos.
Se convierte en el primer pensamiento cuando pasa algo bueno.
En la primera persona a la que quieres contarle una noticia.
En la voz que buscas cuando el día pesa demasiado.
En esa calma que aparece sin hacer ruido.
Y un día,
sin que nadie haga nada mal,
la vida sigue avanzando.
Eso siempre fue lo que más miedo me dio.
No los finales.
Los cambios.
Descubrir que las personas no tienen que irse para dejar de ocupar el mismo lugar dentro de nosotros.
Porque el amor no siempre termina.
A veces simplemente cambia de forma.
Nunca he querido detener a nadie.
Amar nunca ha significado poseer.
Si algo me ha enseñado el amor es que las cosas más hermosas también tienen derecho a moverse,
a crecer,
a encontrar nuevos caminos,
aunque eso signifique que algún día ya no caminen junto al mío.
Y aun así,
cuántas veces me he sorprendido extrañando versiones de nosotros que todavía existían.
Una conversación antes de que terminara.
Una risa antes de que se convirtiera en recuerdo.
Un instante antes de que el tiempo hiciera lo único que sabe hacer.
Seguir.
Como si mi corazón hubiera aprendido a despedirse un poco antes,
solo para que doliera menos cuando llegara el momento.
Quizás por eso algunas personas terminan significando tanto.
No porque vengan a salvarnos.
No porque llenen un vacío.
Sino porque nos recuerdan partes de nosotros que creíamos perdidas.
Nos devuelven la capacidad de sorprendernos.
De sentir.
De reír sin pensarlo.
De descubrir que todavía somos capaces de amar con todo el pecho.
Y tal vez eso es lo único que realmente llegamos a ser en la vida de los demás.
No un para siempre.
No una promesa.
No una certeza.
Solo un lugar donde el otro puede sentirse en casa durante un rato.
Y quizá amar nunca ha sido creer que alguien se quedará para siempre.
Quizá amar siempre fue mirar a quien tienes enfrente,
saber que el tiempo acabará transformándolo todo,
y aun así elegir quererlo con el corazón entero,
mientras todavía lo tienes.




❤️