Lo que elegiste
- Mariony Enid
- 10 ago
- 2 min de lectura

Hay verdades que llegan sin avisar.
Esta no fue una de ellas.
Yo ya le había hecho espacio a la posibilidad de que algo entre nosotros cambiara. Lo había dicho en voz alta, más de una vez, como si nombrarlo pudiera hacerlo menos aterrador.
Como si la honestidad pudiera suavizar los lugares donde eventualmente iba a dolernos la vida.
Nunca te pedí que todo se quedara igual.
Solo te pedí que no me dejaras seguir creyendo en algo que tú ya sabías que había dejado de ser cierto.
Pensé que eso importaría.
Pensé que todas aquellas conversaciones habían construido algo entre nosotros. Un lugar pequeño donde hasta la verdad más dolorosa pudiera existir sin convertirse en el final de todo.
Yo te había dejado la puerta abierta.
Aun así, escogiste la ventana.
Escogiste el silencio. Las verdades a medias. La distancia. Me dejaste permanecer dentro de una versión de nosotros que tú ya habías comenzado a abandonar.
Y quizás eso sea a lo que sigo regresando.
No a que algo cambiara.
Las cosas cambian.
Las personas se acercan y se alejan todos los días. Los corazones sienten curiosidad. Los sentimientos encuentran otros lugares donde vivir. Yo entendía lo suficiente de la vida para saber que no podía retenerte pidiéndote que nunca cambiaras.
Pero creía conocerte lo suficiente para confiar en que me lo dirías cuando pasara.
Ya te había dado permiso para herirme con la verdad.
Escogiste protegerme con una mentira.
O quizás nunca intentaste protegerme a mí.
Quizás solo estabas protegiendo la versión de ti que todavía existía en mis ojos.
La que no haría algo así.
La que me lo diría.
La que yo creía conocer.
Eso es lo que tu silencio me ha quitado.
No solamente la certeza de lo que pasó, sino también la certeza de todo lo que vino antes.
Ahora regreso a conversaciones viejas buscando grietas. Sostengo tus palabras de otra manera. Me pregunto cuánto tiempo estuve hablándole a alguien que ya había decidido no contestarme con la verdad.
Y ahora solo queda más silencio.
Como si desaparecer pudiera evitar que te convirtieras en la persona que me hizo daño.
Como si dejarme sola con la verdad hiciera que fuera menos tuya.
Pudiste haber confiado en mí.
Quizás esa sea la parte que nunca logre entender.
Yo había preparado un lugar para tu honestidad mucho antes de que la necesitaras. Te había demostrado que podía sobrevivir una verdad que no quería escuchar. No te pedí más que la dignidad de saber cuándo el suelo debajo de nosotros comenzara a moverse.
Pero cuando llegó el momento, escogiste lo que menos te exigía.
Escogiste lo que te permitía aplazar mi dolor hasta que ya no tuvieras que verlo.
Escogiste lo fácil.
Y a mí me quedó la forma más extraña de la tristeza.
Extrañar a alguien que todavía está aquí.
Llorar a alguien que quizás nunca existió exactamente como yo creía.
Yo creía que te conocía.
Ahora no sé qué duele más.
Que me hayas mentido.
O que yo ya te hubiera rogado que no lo hicieras.




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